sábado, 3 de diciembre de 2016

El pacto educativo imposible

Parece que por fin se acerca la posibilidad de un pacto político para conseguir una ley educativa en España con un mínimo de estabilidad, porque tanto vaivén es de locos. ¿Pero es realmente posible? Puede resultar imposible si no analizamos lo ocurrido otras veces.  A ver si ésta lo hacemos mejor.
http://www.diariodesevilla.es/opinion/tribuna/pacto-educativo-imposible_0_1087091847.html


lunes, 21 de noviembre de 2016

Caminando juntos

Cuadernos de Pedagogía , Nº 472 , 01 noviembre 2016 , Editar Wolters Kluwer
Columna: DESDE MI SITIO.  
En varios centros que conozco nos estamos aventurando por un nuevo camino: la formación y el trabajo conjunto de los que nos sentimos atraídos por la educación emocional. Nos preparamos también a través de cursos, pero sobre todo mediante grupos de trabajo experienciales, porque pen samos que para poder abordar este aspecto con los adolescentes necesitamos vivirlo nosotros primero. Porque sentimos el vértigo y la responsabilidad de trabajar con seres humanos en crecimiento, e intuimos que nos faltan herramientas. Porque estamos convencidos de que invertir en nuestro equilibrio personal va a redundar en un mejor servicio a los estudiantes. Así que nos reunimos para explorar nuestras emociones; conectar con nuestros olvidados cuerpos a través de la música, la relajación y el movimiento; centrar nuestras agitadas mentes con la meditación; probar la mediación en nuestros propios conflictos y cuidar cómo habitamos el puesto de cada uno. En este último punto –tan importante para mí que le ha dado nombre a esta columna–, nos puede ayudar una valiosa enseñanza de Angélica Olvera, pionera de la pedagogía sistémica: los “indicadores para detectar cuándo nos salimos de nuestro sitio”. Porque, como ella explica, los docentes vocacionales tendemos a ocupar demasiado espacio, invadiendo el de los otros, sean padres o compañeros. Por eso, cuando notemos que estamos agotados, que no nos sentimos reconocidos, que fantaseamos con estar en otro lugar, podemos parar un instante para mirar hacia dentro. Y quizá entonces descubramos que, además de las presiones exteriores que sufrimos, también hacemos tareas que no nos corresponden y no nos han pedido. O juzgamos que los demás deberían comportarse según nuestros principios, y eso nos tiene descontentos y frustrados.
En esto andamos, como tantos docentes que han descubierto que quieren caminar juntos, creciendo para poder acompañar a sus alumnos y alumnas. Con ilusión, sí. Con miedos, también. Como la misma vida.


jueves, 6 de octubre de 2016

El último libro que me ha impresionado

Acabo de leer la autobiografía de Gandhi: “Historia de mis experiencias con la verdad” y me ha resultado muy interesante.
Para empezar, hasta que encontré el libro no sabía que él hubiera escrito su biografía y me pareció estimulante leer su propia visión de si mismo y de su trabajo. Y el título lo encontré más atrayente aún. Realmente es así como él describe su trayectoria, como una serie de experimentos que va realizando consigo mismo sobre cómo vivir: la alimentación y los espacios más saludables, la mejor respuesta ante la enfermedad, cómo relacionarse con los demás o con lo material… Según va descubriendo o generando ideas las va poniendo en práctica. Y me produce mucho respeto que en el libro él reconoce las que no salieron como esperaba, cuándo tomó decisiones de las que luego se arrepintió. Asume incluso que se enfadaba con su mujer y hasta le gritaba, porque quería que ella siguiera sus principios cuando la pobre Kasturbai aún no estaba de acuerdo. Me impresiona que lo reconozca públicamente el adalid de la no-violencia, a pesar de que esto contradice su imagen pública. Y también que un hombre indio de su época reconozca en la cincuentena que estaba equivocado al actuar así y que por entonces ya había igualdad entre ellos, lo que no era nada típico de su cultura y generación. Me impactan también sus obsesiones con el control de las pasiones, lo que le llevó a una austeridad extrema y a rechazar todos los placeres: desde ser célibe dentro de su matrimonio hasta renunciar a la satisfacción del paladar o a la posesión de objetos hasta extremos increíbles. No comparto ese rechazo de lo que yo considero manifestaciones de nuestra humanidad, porque pasa de controlarlas a eliminarlas, pero no deja de impresionarme su autodisciplina. Y la fuerza que le dio, porque cuando estuvo en la cárcel se dio cuenta de que las condiciones en las que allí vivían coincidían con las que él mismo se autoimponía, así que la prisión no tenía poder sobre él, no le desmoralizaba en absoluto. Nada te pueden quitar si no deseas nada.
Del texto me conmueven sobre todo la luz sobre sus imperfecciones y su esfuerzo continuo por superarse. Y cómo consultaba continuamente a sus compañeros antes de tomar cada decisión, que meditaba desde la luz de lo espiritual.
Me llama la atención comprobar que sus fuentes de inspiración fueron tan eclécticas: desde el Gita de tradición hinduista como Tolstoi o el reformador social británico Ruskin, desde oriente a occidente. Igual que luego él influyó sobre personas de todos los orígenes.
Me han fascinado sus experimentos educativos, aunque a él no le dejaron satisfecho. Estaban enmarcados dentro de su vida en el ashram, una vivienda en plena naturaleza donde convivían jóvenes y adultos, familias y personas solas. Abordó la educación física, que valoraba mucho para la salud, promoviendo que los chicos/as hicieran trabajo físico real: de cultivo, de limpieza… Sostenía que lo más importante era la educación del carácter, si los estudiantes tenían autodisciplina podrían aprender con poca guía adulta, y así lo hizo. No utilizaban libros de texto sino libros originales y un proceso de diálogo continuo entre los mayores y los pequeños. Los adultos tenían que ser ejemplo de conducta. Y cada uno aprendía un oficio que transmitía a otros con la práctica conjunta.
El satyagraha, que en occidente se ha traducido como “resistencia pasiva”, él prefería definirlo tal como expresa ese vocablo hindi: unión de “fuerza” y “verdad”, algo así como “la fuerza de la verdad”. Porque la potencia de esta forma de enfrentar los problemas para él estaba en basarse en la verdad siempre. Es decir, cuando le planteaban una supuesta injusticia, lo primero que hacía era desplazarse al lugar para investigar en detalle los hechos, y las opiniones de los implicados. Le interesaban tanto las de los que iban a ser sus oponentes como las de los que iba a defender. Y buscaba una solución buena para todos. Sólo si esto era imposible se planteaban acciones de no-cooperación -con los empresarios o con la ley- con firmeza y persistencia, hasta dejarse encarcelar si fuera preciso, con el mejor deseo en el corazón para los oponentes.
Y es fascinante recorrer a lo largo de las páginas cómo esas ideas y esa forma de vivir que se van generando dentro de él y en su entorno cercano van arrastrando progresivamente multitudes, a pesar de que contradecían la mentalidad de los que luego subyugó.

lunes, 3 de octubre de 2016


Cuadernos de Pedagogía, Nº 471, 1 de oct. de 2016
DESDE MI SITIO
La mente a su favor
Eugenia Jiménez Gallego Orientadora de Secundaria
y profesora de Educación Emocional.


Cada vez que observo a un estudiante esforzándose mucho con poco rendimiento recuerdo las investigaciones que nos muestran cómo enseñar a los estudiantes a usar la mente a su favor.
A los alumnos les pregunto directamente si saben que están maltratando su cerebro. Porque este precioso órgano recuerda mejor un texto cuando lo convierte en imágenes mentales y también cuando genera preguntas sobre él. Pero repetir machaconamente frases sin sentido aburre soberanamente y además maltrata esta potente herramienta. También recuerdan mejor cuando conectan los contenidos con emociones: cuando le buscan el lado divertido a la biología, el drama a las batallas, el romanticismo a la literatura. Y cuando piensan en usos reales para lo que estudian o aprenden inglés hablando entre amigos. Otra cuestión es que los más esforzados tienden a estudiar hasta que el cuerpo aguante, sin incluir los necesarios descansos con actividad física ligera y algún bocadito que mande glucosa a las neuronas. Para las épocas de exámenes, lo recomendable es practicar en casa el tipo de prueba a la que se van a enfrentar y usar técnicas de meditación y visualización, como las que usan los equipos de fútbol para fomentar el éxito. Estos descubrimientos ayudan a los estudiantes, pero también pueden inspirarnos a nosotros al programar nuestras clases. Cuando las iniciamos con un dato provocador o un problema cotidiano y ellos tienen que bus- car respuestas, estamos activando su atención y su memoria. Y hoy sabemos que es mejor enseñar con premios que con castigos, porque la recompensa activa el hipocampo, que sirve para almacenar y evocar recuerdos. Por el contrario, el estrés genera cortisol, que perjudica el funcionamiento del hipocampo. Esa es la razón por la que los programas de inteligencia emocional, aunque tienen otros objetivos, pueden mejorar el rendimiento. Porque si las emociones están bloqueadas los niños no aprenden.

domingo, 25 de septiembre de 2016


Cuadernos de Pedagogía, No 470, 1 de sep. de 2016, Editar Wolters Kluwer
DESDE MI SITIO
Máscaras en mi aula
Eugenia Jiménez Gallego Orientadora de Secundaria
y profesora de Educación Emocional.

http://esistemica.blogspot.com.es

Empieza el curso y los alumnos y alumnas afrontan otra vez el reto de moverse en su grupo de iguales. Socializarse es uno de los aprendizajes más importantes y que más incide en el rendimiento escolar, porque un año tras otro observo cómo los mecanismos de defensa que utilizan muchos chicos y chicas consumen la mayor parte de la energía que necesitan para aprender. Se dedican a mostrarse peligrosos antes que vulnerables; mejor vagos que torpes; payasos que tristes.
Por eso les planteo una actividad sobre las máscaras. Deben dibujar una careta con la expresión que suelen llevar puesta en el centro: la diversión, la rabia, la indiferencia. Y por detrás describen las emociones reales que ocultan tras esa fachada: las tristezas y los miedos, el resentimiento o la angustia. Cuando toman conciencia de este mecanismo que usan de forma inconsciente, empiezan a mirar su realidad de otra manera. “Profesora: esta semana me estoy quitando la máscara. En mi barrio y en el recreo la tengo que llevar, pero en esta clase puedo dejarla”. Ellos me han enseñado que las máscaras son necesarias en algunos contextos, porque primero hay que sobrevivir. Y por su parte han entendido que “la máscara oculta tus problemas, pero no te ayuda a solucionarlos”. Los docentes podemos ayudarles a desenmascararse en el aula, con actividades de tutoría de conocimiento, de cohesión del grupo, de autoestima. Además, a mí me gusta hacer una ronda al inicio de la clase en la que comparten con el grupo “buenas noticias”: exámenes que han ido bien, pequeños retos que han superado... Momento que aprovecho para reforzar públicamente cualquier avance, para que sientan su yo real más valioso que cualquier disfraz. Y sobre todo, les ayuda a que nosotros nos relacionemos con ellos a cara descubierta.
Solo cuando creamos en clase un clima de confianza y seguridad pueden dejar de mirarse con recelo y volverse a mirar hacia la pizarra.




SEPTIEMBRE 2016470CUADERNOS DE PEDAGOGÍA11

miércoles, 6 de julio de 2016

Lo relevante



Con el fin de curso ni siquiera he encontrado tiempo para volcar aquí la publicación de Cuadernos de Pedagogía. Ahora quiero compartirla con vosotros. En julio no hay Historias Mínimas, así que nos reencontraremos con estas reflexiones en septiembre...

Cuadernos de Pedagogía, No 468, 1 de jun. de 2016
Me sacude la sensación de que en nuestras escuelas no nos estamos centrando en los aprendizajes más importantes para nuestros niños y niñas. Cualquier tribu indígena lo tiene mucho más claro: forma a sus criaturas para sobrevivir en su entorno. Y nosotros, que pretendíamos no solo que se adaptaran sino que incluso fueran críticos e innovadores, quizá no conseguimos ni lo primero. Nuestros adolescentes necesitan entender su mundo: usar la tecnología y las redes sociales a su favor y no en su contra, expresar sus ideas para comunicarlas eficazmente, el origen del terrorismo o los partidos políticos actuales, interpretar críticamente las estadísticas con que intentan manipularlos desde los telediarios, manejar su rabia y su tristeza... Sin embargo, seis horas todos los días los bombardeamos con mucho más siglo XVI que XXI,
con tantos nombres impronunciables de partes del cuerpo de otros bichos, mientras no saben manejar el suyo propio; demasiadas raíces cuadradas y pretérito pluscuamperfecto. A los profesores, especialistas cada uno en nuestra materia, nos cuesta a veces entender que ellos no se motiven a aprender contenidos que a nosotros nos parecen tan interesantes... Resultan atractivos para los que se inclinan por ese campo profesional, que serán los estudiantes que les darán uso. Los demás se apresurarán a olvidarlos.
Y a la vez, me sorprende constatar que la normativa, aun la que consideramos más conservadora, es siempre más abierta y estimulante que los libros de texto. Que ni siquiera el último Real Decreto de enseñanza especifica autores ni obras ni apenas hechos concretos que se deban estudiar, que incluso los “estándares de aprendizaje evaluables” son más razonables que los libros de texto. Libros en los que cada vez encuentro más definiciones y clasificaciones y menos significado.
Quizá la pregunta relevante para nosotros sería: ¿les estamos enseñando lo que necesitan?

domingo, 1 de mayo de 2016

Ritos de paso

Cuadernos de Pedagogía, No 467, 1 de may. de 2016.
Estoy convencida de que ritos de paso, con toda su carga simbólica, son fundamentales en cualquier sociedad para ayudar a los pequeños a crecer. Para hacerles sentir que entran en una fase diferente, con nuevos derechos y responsabilidades. Así ha sido en todas las comunidades humanas a lo largo de la historia, y en nuestro contexto se traducen aho- ra en actos formales que marcan el final de cada etapa educativa. De modo que todas esas celebraciones –incluso las inundadas de vídeos de papás y de orlas con birrete–, aunque nos parezcan un tanto sobrepasadas y tan importadas como Halloween, pueden ayudar a madurar a nuestros hijos. Eso sí, me parece que cuidar el tipo de acto es la clave para que cumplan realmente esta función. 
En mi ciudad hay un colegio donde el paso de Infantil a Primaria me resulta conmovedor. En una reunión de profesorado y familias, los alumnos que van a pasar a primero eligen un símbolo de la etapa anterior y cruzan un puente hasta reunirse con sus futuros profesores, que los acogen.
En mi instituto organizamos una visita al centro de los alumnos de sexto, con los estudiantes de primero de ESO como cicerones. Luego estos acuden a los colegios para dialogar con los futuros estudiantes de Secundaria sobre sus temores: los “partes”, la tarea... Y el año que viene quiero probar una actividad en la que el alumnado nuevo escribirá cartas de agradecimiento a sus maestros y estos vendrán a leerlas con ellos.
Cada transición incluye sus ilusiones y también sus fantasmas, tanto de los niños como de los padres. Y con frecuencia también desconfianzas del profesorado, de uno y otro lado, sobre la preparación de los chiquillos. Encontrarnos para hablar de todo ello y para celebrarlo juntos, reconociendo el lugar de cada uno, es lo que puede sanar esas heridas. Y aprender a despedirse de lo anterior y a integrarse en lo nuevo, uno de los aprendizajes más importantes que podemos regalar a nuestros alumnos.